Juan Bautista, es asesinado por denunciar el mal y comprometerse con la vida y la justicia.
Se cumple hoy un nuevo aniversario del asesinato de los cinco Siervos de Dios: Alfredo Leaden, Alfi Kelly, Pedro Dufau, Salvador Barbeito y Emilio Barletti.
Ellos buscaban vivir el Evangelio y su consagración como palotinos, comprometidos en la búsqueda de la justicia y el respecto a la dignidad humana, anunciando el valor de toda vida y denunciando toda actitud que menoscabara la dignidad de la persona. Inspirados en el Magisterio de la Iglesia, vivieron el compromiso con todo lo humano como lo señalan los documentos del Concilio Vaticano II, la Encíclica Populorum Progressio de Pablo VI y los Documentos finales de Medellín de la segunda conferencia el Episcopado Latinoamericano (de los cuales estamos celebrando sus cincuenta años).
Días antes de la masacre se preguntaron cuál debía ser la conducta que debían seguir ante todo lo que sucedía en el inicio de la más trágica dictadura de nuestra historia: si callar o seguir anunciando la Palabra que proclama la dignidad de toda vida humana. La respuesta fue: tenemos que obedecer a Dios antes que a los poderes de este mundo. Esto los torna en testigos de la fe. Ellos no dieron la vida por una ideología. Era una comunidad muy diversa en sus opiniones políticas, en sus edades, en sus estilos. Tenían algo en común: intentar vivir la fe desde el compromiso con el bien de la humanidad, el respeto a toda vida y la construcción de un mundo más justo y fraterno.