V DOMINGO DE PASCUA.

Jn 15,1-8

Jesús dijo a sus discípulos:

«Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. El corta todos mis sarmientos que no dan fruto; al que da fruto, lo poda para que dé más todavía. Ustedes ya están limpios por la palabra que yo les anuncié. Permanezcan en mí, como yo permanezco en ustedes. Así como el sarmiento no puede dar fruto si no permanece en la vid, tampoco ustedes, si no permanecen en mí.

Yo soy la vid, ustedes los sarmientos. El que permanece en mí, y yo en él, da mucho fruto, porque separados de mí, nada pueden hacer. Pero el que no permanece en mí, es como el sarmiento que se tira y se seca; después se recoge, se arroja al fuego y arde.

Si ustedes permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y lo obtendrán.

La gloria de mi Padre consiste en que ustedes den fruto abundante, y así sean mis discípulos.»

Hay dos palabras claves en el texto: dar fruto y permanecer.

Dar frutos es diferente a tener éxito. El éxito se mide por los números, por la calidad de la producción, por el cumplimiento de los objetivos propuestos, por lo aparente y reconocido. El fruto se lo mide por el bien hecho. Los frutos evangélicos, nos dice el Catecismo de la Iglesia en el nro. 1832, son “caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad” (Ga 5,22-23, vulg.). El fruto, muchas veces, pasa por el fracaso; el grano de trigo tiene que morir para dar frutos.

Sólo podemos dar fruto si permanecemos en la vid. Se permanece no por un vínculo de sangre o nacionalidad sino por la fe. Es un permanecer activo, similar a la relación entre el Padre y el Hijo. Es una relación de mutuo amor, en donde Dios nos amó primero e incondicionalmente. Solamente si la savia de Jesús corre por nuestras venas podemos dar frutos en abundancia. Esto implica dejar que su Palabra penetre toda nuestra vida; pasar horas con Él, escuchándolo y dejando que su vida penetre toda nuestra vida.

Esta Palabra nos poda, nos purifica, corta en nosotros aquellas cosas que nos impiden dar frutos: nuestras vanidades, nuestros apegos desordenados, nuestro afán de consumir y tener, nuestros falsos dioses, nuestro egoísmo…  Esta poda es para que tengamos vida y vida en abundancia. 

UN BENDECIDO DOMINGO DEL TIEMPO PASCUAL

Juan 15,1-8