IV domingo de Pascua
Ciclo B
22 de abril de 2018

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 10, 11-18
En aquel tiempo, Jesús dijo:
«Yo soy el buen Pastor. El buen Pastor da su vida por las ovejas. El asalariado, en cambio, que no es el pastor y al que no pertenecen las ovejas, cuando ve venir al lobo las abandona y huye, y el lobo las arrebata y las dispersa. Como es asalariado, no se preocupa por las ovejas.
Yo soy el buen Pastor: conozco a mis ovejas, y mis ovejas me conocen a mí -como el Padre me conoce a mí y yo conozco al Padre- y doy mi vida por las ovejas. Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir: ellas oirán mi voz, y así habrá un solo Rebaño y un solo Pastor.
El Padre me ama porque yo doy mi vida para recobrarla. Nadie me la quita, sino que la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y de recobrarla: este es el mandato que recibí de mi Padre.»
Palabra del Señor.
Queridas hermanas y queridos hermanos:
A los que hoy vivimos en pequeñas o grandes ciudades no nos resulta tan cercana la figura de un pastor de ovejas; en cambio, era una imagen muy familiar para el pueblo de Israel.
La vida de los pastores, en oriente, era difícil. Les implicaba estar lejos de sus casas por prolongados tiempos, recorrer largas distancias siguiendo alguna nube que le garantizase la lluvia, buscar un lugar donde alimentar el ganado en una región que era sumamente seca, enfrentar tensas vigilancias nocturnas ante los peligros de los ladrones o las fieras. El rebaño era muy valioso para el pastor, no sólo porque le implicaba grandes esfuerzos sino también porque era lo que le garantizaba ganar el sustento necesario para vivir. Es por eso que, al pueblo de Israel, le gustaba compararse a un rebaño; se sentían como la riqueza de Dios, amados y cuidados por Él.
Los reyes, para el pueblo elegido, debían ser los pastores que Dios había colocado para que cuidaran en su nombre al rebaño amado. Muchas veces no ocurría así. Muchos gobernantes ejercían su cargo en función de sus propios intereses, aprovechándose del rebaño. Los profetas son muy duros con los malos pastores que no cuidan al pueblo. El evangelista, incluso, ubica este discurso en la fiesta de la Dedicación del Templo, cuando el pueblo de Israel recordaba a los malos pastores que habían sido responsables de la profanación del templo. Dios les dice que esos gobernantes no serán más los pastores de su pueblo; Él mismo será el pastor de Israel. Rezamos en el salmo 22: El Señor es mi pastor. Habrá un único pastor que buscará el bien de su pueblo. Cuando Jesús se presenta como el buen pastor, está diciendo que Dios ha dado cumplimiento, en Él, a su promesa. Él es el pastor auténtico.
Todo pastor que ejerza su servicio en nombre de Jesús, lo tiene que hacer teniéndolo a Él como el único pastor, Él es el modelo.
En este Evangelio, Jesús nos revela cuatro actitudes del buen pastor:
- Nos conoce. Conocer en el lenguaje bíblico es mucho más que saber los datos de identidad de la otra persona. Se trata de un conocimiento interno, vital; es entrar en la intimidad del otro y dejar que el otro entre en mi intimidad. Es un conocimiento que genera un vínculo de amistad.
- Nos cuida del lobo, de todo aquello que destruye nuestra vida, de lo que no nos permite vivir en plenitud, con gozo y con paz.
- Da la vida por nosotros. Qué bien nos hace contemplar a Jesús dando la vida por amor a cada uno de nosotros. En Cristo se nos manifiesta el amor del Padre. Leemos en la segunda lectura de este domingo: ¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos realmente (1Jn 3,1)
- Nos viene a buscar, siempre toma la iniciativa. Tengo, además, otras ovejas que no son de este corral y a las que debo también conducir.
En un mundo en donde la vida es tan atropellada, donde hay tanta muerte y en donde hay tanta soledad, que podamos contemplar y anunciar con gozo a Jesús como el buen pastor; Él es aquel que cuida nuestra vida y le da a cada vida un sentido trascendente. Él viene a nuestro encuentro para transformar cada signo de muerte en fuente de vida. Que con nuestros gestos y actitudes hagamos presente en el mundo el amor de Dios que nos amó hasta el extremo. No está en nuestras posibilidades acabar con las guerras y tantas formas de homicidio. Sí está en nosotros cuidar la vida que Dios nos regaló y cuidar la vida de cada persona que Dios pone en nuestro camino. El Reino de Dios se hace presente en cada pequeño gesto cotidiano que va siendo como la levadura en la masa. Nuestras actitudes, transforman siempre la realidad, pero sobre todo, transforman nuestra propia existencia.
Recemos, también, para que en la Iglesia no falten hombres que con, Cristo Pastor, configurados al corazón misericordioso de Jesús, asuman la vocación de pastores en la Iglesia. Dios sigue llamando a muchos a la vida sacerdotal. Que muchos puedan responder con generosidad, sirviendo al pueblo sufriente y dando sentido trascendente a sus vidas. Amar a un joven significa, necesariamente, ayudarlo a encontrar su lugar en el mundo, conforme al llamado de Dios.
Nos preguntamos: ¿Contemplo cotidianamente el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús? ¿Doy testimonio de este amor? ¿Ayudo a los jóvenes a encontrar su lugar en el mundo, conforme al llamado de Dios?
Un bendecido tiempo de Pascua,
P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Centro de Espiritualidad Palotina
SALMO RESPONSORIAL Sal 117, 1. 8-9. 21-23. 26. 28-29
R. Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor.
¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor!
Es mejor refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres;
es mejor refugiarse en el Señor
que fiarse de los poderosos. R.
Yo te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación.
La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular.
Esto ha sido hecho por el Señor
y es admirable a nuestros ojos. R.
¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Nosotros los bendecimos desde la Casa del Señor:
Tú eres mi Dios, y yo te doy gracias;
Dios mío, yo te glorifico.
¡Den gracias al Señor, porque es bueno,
porque es eterno su amor! R.