II DOMINGO DE PASCUA.

Mc 16, 1-8

    Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»

    Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.

    Jesús les dijo de nuevo: «¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes.» Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: «Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan.»

    Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús. Los otros discípulos le dijeron: «¡Hemos visto al Señor!»

    Él les respondió: «Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré.»

    Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»

    Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe.»

    Tomás respondió: «¡Señor mío y Dios mío!»

    Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!»

Jesús, antes de partir, nos prometió tres cosas:

  • “Yo les dejo la paz, les doy mi paz”
  • “Tendrán una alegría que nadie les podrá quitar”
  • “Les enviaré otro paráclito… el Espíritu Santo”

En su aparición a los discípulos, lo primero que hace es transmitirles esa paz. Ellos se llenaron de alegría cuando lo vieron. Luego, sopla sobre ellos y les comunica el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo hace madurar en nosotros el don de la fe.

La fe nos permite un conocimiento mayor de Jesús que el que pueden darnos nuestros sentidos; por eso Jesús dice: ¡Felices los que creen sin haber visto! 

UN BENDECIDO TIEMPO PASCUAL

Juan 20, 24-29