CUARTO DOMINGO DURANTE EL AÑO. Ciclo B.

Mc 1, 21-28

La Palabra de Dios tiene autoridad sobre nosotros. Ella actúa en nuestras vidas. Por la Palabra, que es Jesucristo, todo fue creado. Por esa misma Palabra, Dios nos redimió. La Palabra pronunciada por el Señor tiene poder de crear el bien y de destruir el mal.

En Jesucristo, palabra y vida se identifican; por eso sus paisanos lo comparan a los fariseos, diciendo que no habla como ellos. Jesús se expresa en palabras y signos a partir de lo que Él es y vive.

La admiración de los oyentes de Jesús aumentó cuando vieron que esa Palabra era capaz de expulsar el mal. En la antigüedad se veía que el origen de la enfermedad estaba en la acción del demonio en ella. La enfermedad era vista como fruto del pecado en la persona. Por eso, curar significaba expulsar ese espíritu del mal. Jesús, teniendo en cuenta la mentalidad de la época, muestra su poder sobre el mal. Hoy sabemos que no es verdad que una persona está enferma porque el demonio actúa en ella. Sostener esto no tiene ningún fundamento, ni en la ciencia ni en la fe. El enfermo no está enfermo porque pecó. Pero sí es real que todo mal, entre ellos la enfermedad, entra en el mundo como fruto del pecado, cuando el hombre le abre las puertas al espíritu del mal y toda la naturaleza se desordena. También es real que ese espíritu del mal actúa en cada uno de nosotros como el tentador (demonio), como el que divide (diablo), como el que nos hace daño y nos lleva por el camino del mal (satanás).

La buena noticia de este evangelio es que el mal no tiene poder sobre Jesús. Muy por el contrario, la Palabra es capaz de expulsar el mal. Jesucristo puede vencer el mal en el mundo y en la vida de cada uno de nosotros. Esto nos tiene que llenar de una profunda paz y alegría como fruto de nuestra confianza en el amor de Dios.

Un bendecido domingo

 

IV domingo durante el año

 

Un bendecido domingo