SAN VICENTE PALLOTTI 22 de enero

Cada persona es un misterio que nos trasciende. En cada una de ella Dios nos regala muchas cosas. Cada ser humano es un destello del amor de Dios.

Muchas veces pienso en cómo habrá sido la vida de San Vicente Pallotti en esa Roma de la primera mitad del siglo XIX. Eran los estados pontificios, gran cantidad de sus habitantes eran clérigos y hombres y mujeres consagrados en diversas congregaciones y formas de vida consagrada. Una Iglesia muy marcada por el clericalismo y, como en toda institución formada por humanos, muchas veces esclava del apetito de dominio, de las intrigas, del individualismo. Una Roma y un mundo, también, lleno de hombres y mujeres santos que buscaban ser fieles a Dios en ese tiempo de la historia. El siglo XIX está marcado por la santidad de muchas personas, algunas de las cuales dieron vida a comunidades comprometidas con la obra apostólica de la Iglesia. Cada tiempo de la historia es apasionante porque nos regala desafíos, oportunidades para poder servir a Dios, al Reino, a la humanidad. Y aquí se juega nuestra realización más profunda como personas. Fuimos creados para amar, reverenciar y servir a Dios, como nos lo recuerda San Ignacio de Loyola. El beato papa Pablo VI, bendecía este tiempo de la historia, turbulento y conflictivo que nos llama a la santidad. El Santo siempre da respuesta desde el Evangelio a un tiempo concreto de la historia.

De algo estoy seguro. San Vicente Pallotti fue un hombre que se dejó conquistar por la misericordia y la ternura desbordante de Dios. No se cansaba de repetir: Dios mío, misericordia infinita; incluso en los momentos más duros y dolorosos de su vida. De otra cosa tengo certeza. Se comprendió a sí mismo y comprendió al ser humano como imagen y semejanza de esa misericordia. Su experiencia vital del amor infinito de Dios lo llevó a vivir una entrega generosa y alegre a los hombres y mujeres de su tiempo, especialmente a los sufrientes, débiles, excluidos, abandonados. Su creciente Fe se expresó en una intensa caridad. Y de ahí comprendió que amar es buscar lo mejor para el otro. El don más grande que podemos transmitir es el de la fe. San Vicente Pallotti fue portador de un carisma que abrió cauces nuevos en la vida de la Iglesia. Si yo no transmito la Fe, si no anuncio el mensaje de la salvación, no estoy amando verdaderamente. Por eso, la tarea evangelizadora, el anuncio de Jesucristo, el apostolado, es fruto del mandamiento del amor. Esto se torna mensaje de vida en una Iglesia en donde la tarea evangelizadora era ejercida sólo por los clérigos. Pensemos que recién con Pío XII, cobra institucionalización la Acción Católica  como la participación de los laicos en el apostolado jerárquico de la Iglesia. Que no fue la propuesta de San Vicente Pallotti en la que hace presente que todo bautizado es apóstol por su participación en el apostolado Jesucristo, impulsado por el mandamiento del amor. En otras palabras, el laico no es el ayudante de la jerarquía. Ambos estados en la Iglesia, ministerio del orden sagrado y ministerio laical, trabajan juntos, desde sus servicios específicos, en el anuncio del Evangelio. Pero lo de la Acción Católica fue una primera participación laical en la vida apostólica de la Iglesia que hizo que muchos laicos se integraran a ella y recibieran una sólida formación y espiritualidad. Fue profética la decisión de San Vicente de fundar, en aquel momento, la Pía Unión; en donde sentó en una misma mesa, laicos y clérigos, cardenales, hombres y mujeres sencillos de la ciudad de Roma, para recordar que la misión de la Iglesia es confiada a todo el pueblo de Dios.

San Vicente fue una voz profética y lo sigue siendo hoy. Los carismas que nos llegan a través de los santos fundadores no son para quedar en un tiempo de la historia, cobran vida en cada etapa y en cada lugar. Los Obispos latinoamericanos nos recuerdan en Aparecida que todo cristiano es un discípulo misionero, partícipe de la misión de Jesucristo. Hoy tenemos que retomar con fuerza este carisma fundante: promover la vocación apostólica de todo el pueblo de Dios, sabiendo que sólo sirviendo al Señor, en el amor a la humanidad, nuestra vida cobra sentido.

Escuchaba los otros días a un sacerdote, muy preocupado por el tema de las adicciones, quien decía que darle espiritualidad y espíritu comunitario a nuestros jóvenes es la mejor manera de ayudarlos a superar toda dependencia esclavizante. Yo estoy convencido de ello. Por eso creo que hay tres mensajes de San Vicente Pallotti que tenemos que recoger con fuerza y que nos desafían hoy:

  • Volver a la fuente de nuestra existencia. Ella está en el amor infinito de Dios que nos llamó a la vida, que nos hizo sus hijos y nos destinó a ser presencia de su amor en el mundo. Necesitamos urgentemente crecer en la amistad con el Señor y ayudar a otros a encontrarse con la misericordia del Padre, hecha sacramento de vida en Jesucristo.
  • Recrear el sentido comunitario de la vida. Sobre todo, en un tiempo tan marcado por ideologías consumistas y autorreferenciales. Una sociedad no crece cuando crecen los bienes de los poderosos sino cuando esos bienes se comparten con espíritu de solidaridad. Los talentos y capacidades, los bienes materiales y espirituales que hemos recibido o ganado, sólo nos realizan como persona cuando lo compartimos y vivimos nuestra vida en clave de bien común. La violencia sólo se supera cuando nos damos cuenta que nos daña a nosotros mismos.
  • Los pobres no son el objeto de nuestra ayuda, en donde depositamos lo que nos sobra. Todo hombre y toda mujer es presencia de Jesucristo en nuestra vida. Él se hace presente especialmente en el que sufre. Amar con el corazón de Jesús es generar vínculos de fraternidad en donde nadie quede excluido. La universalidad es característica fundamental del amor, según San Vicente Pallotti. Es interesante observar dos actitudes fuertes en él. Nunca salió de Roma y sus cercanías, pero su corazón y su mente atravesaron fronteras y llegaron ahí donde había hombres y mujeres que no conocían a Cristo y que sufrían por esa ausencia. Otro rasgo fuerte es ver su actitud con los excluidos de la sociedad: los huérfanos a causa de las pestes y las guerras, los encarcelados, los enfermos, los pobres, los excluidos; siempre fue al encuentro de ello, compartiendo, incluso, lo necesario para su propia vida, como su abrigo. En una de sus oraciones pide: ser comida para el hambriento, bebida para el sediento, abrigo para el desnudo… El amor universal no excluye, integra, recibe, sale a invitar, dialoga, valoriza a cada persona, promueve, da lugar, ayuda a cada hombre y mujer a encontrar su vocación, su lugar en el mundo.

Somos discípulos de Jesucristo, partícipes de su misión. Que el carisma que hemos recibido, a través de San Vicente Pallotti, nos anime en este camino. Que podamos apasionarnos por un Iglesia pueblo de Dios, en la que generemos espacios de pertenencia y formación en la fe, promoción de la vida y de la vocación de cada uno, ayudando a cada persona a encontrar su sentido de vida, su lugar en el mundo. Que no nos cansemos de anunciar esa libertad que sólo la experiencia del amor de Dios nos puede dar.

Un bendecido día palotino,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina