Jornada mundial por la paz Lc 2, 16-21
Los pastores fueron rápidamente y encontraron a María, a José, y al recién nacido acostado en el pesebre. Al verlo, contaron lo que habían oído decir sobre este niño, y todos los que los escuchaban quedaron admirados de lo que decían los pastores.
Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón. Y los pastores volvieron, alabando y glorificando a Dios por todo lo que habían visto y oído, conforme al anuncio que habían recibido.
Ocho días después, llegó el tiempo de circuncidar al niño y se le puso el nombre de Jesús, nombre que le había sido dado por el Ángel antes de su concepción.
El Concilio de Éfeso nos enseña que Jesucristo es todo hombre y todo Dios; en la misma persona se dan ambas naturalezas, la humana y la divina. Por lo tanto, María, al ser la madre de esa única persona, es correctamente llamada Madre de Dios.
Qué título tan grande para una creatura: ¡Madre de Dios! Siendo creatura es la madre del Creador, siendo mujer es la madre del Redentor. El Señor tomó de ella su carne y su sangre. Sin embargo, San Agustín nos dice: “Ciertamente, cumplió Santa María, con toda perfección, la voluntad del Padre, y, por esto, es más importante su condición de discípula de Cristo que la de madre de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser madre de Cristo”.
¿Qué significa ser discípula, discípulo, de Cristo? El discípulo es el que sigue al maestro y encuentra en Jesucristo el sentido último de su vida.
Desde el tiempo del Beato Papa Pablo VI, se celebra en este día la Jornada por la Paz. Todos los años el Papa nos envía un mensaje con un lema. En este año, el Papa Francisco nos propone como lema: «Migrantes y refugiados: hombres y mujeres que buscan la paz.»
El Evangelio que se proclama en esta fiesta nos muestra a María contemplando todo lo sucedido y meditándolo en su corazón. Qué diferente puede ser este nuevo año que comenzamos si nos proponemos, como María y los pastores, asumir una actitud más contemplativa de la vida. Qué diferente serían nuestros vínculos si pudiéramos contemplar, en cada persona, la presencia de Dios en ella, aquello que el Señor nos quiere regalar en cada ser, único y original, que Él pone en nuestro camino.
Un bendecido tiempo de Navidad para todos.
