RETIRO ADVIENTO 2017
ALEGRES EN LA ESPERANZA
P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC
Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 2, 1-14
En aquella época apareció un decreto del emperador Augusto, ordenando que se realizara un censo en todo el mundo. Este primer censo tuvo lugar cuando Quirino gobernaba la Siria. Y cada uno iba a inscribirse a su ciudad de origen.
José, que pertenecía a la familia de David, salió de Nazaret, ciudad de Galilea, y se dirigió a Belén de Judea, la ciudad de David, para inscribirse con María, su esposa, que estaba embarazada.
Mientras se encontraban en Belén, le llegó el tiempo de ser madre; y María dio a luz a su Hijo primogénito, lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el albergue.
En esa región acampaban unos pastores, que vigilaban por turno sus rebaños durante la noche. De pronto, se les apareció el Angel del Señor y la gloria del Señor los envolvió con su luz. Ellos sintieron un gran temor, pero el Angel les dijo: «No teman, porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor. Y esto les servirá de señal: encontrarán a un niño recién nacido envuelto en pañales y acostado en un pesebre.» Y junto con el Angel, apareció de pronto una multitud del ejército celestial, que alababa a Dios, diciendo:
«¡Gloria a Dios en las alturas,
y en la tierra, paz a los hombres amados por él!»
Lectura del libro del profeta Isaías 9, 1-6
El pueblo que caminaba en las tinieblas
ha visto una gran luz;
sobre los que habitaban en el país de la oscuridad
ha brillado una luz.
Tú has multiplicado la alegría,
has acrecentado el gozo;
ellos se regocijan en tu presencia,
como se goza en la cosecha,
como cuando reina la alegría
por el reparto del botín.
Era de noche cuando se anuncia por primera vez el nacimiento del Salvador. Un grupo de simples pastores recibe el anuncio.
Hay noches entre nuestros días.
Hay momentos en la vida en el que se nos viene la noche: alguna pérdida importante, una enfermedad repentina, una frustración, no ver el camino o no encontrarle sentido a nuestra vida, algún desencuentro o ruptura, alguna incomprensión que nos duele o algo que no podemos superar de nosotros mismos.
La noche nos habla de miedo, de inseguridad, tristeza, cansancio, soledad. No vemos el camino. Los peligros son mayores, tenemos menos recursos que durante el día.
En la Biblia, la noche nos habla de tinieblas, de ausencia de luz, ausencia de Dios.
Sin embargo, muchos acontecimientos importantes en la historia de la salvación sucedieron en la noche. La salida del pueblo elegido de Egipto, el inicio de la liberación; el encuentro de Jesús con Nicodemo; el inicio de la pasión, cuando el hijo del hombre es glorificado; la oración en el huerto cuando Jesús se entrega a la voluntad del Padre; María Magdalena va al encuentro de Jesús cuando todavía era de noche. Jesús muchas veces aparece dialogando en la noche con su Padre…
La noche nos invita a la confianza, al silencio, al abandono, al despojo, al descanso.
María y José, enfrentaron muchas noches en sus vidas.
Imaginemos la escena: una mujer embarazada, lejos de su familia y de su pueblo, luego del esfuerzo de un muy largo viaje, no encuentra un sitio donde descansar y esperar a su criatura. Un padre que habrá sentido la inseguridad de no tener ayuda humana, no poder encontrar un lugar higiénico y seguro para que su señora tenga un parto cuidado. Los dos esperando un hijo que no era fruto de su relación matrimonial sino obra del Espíritu Santo; ambos cumpliendo la orden de un dictador casi desquiciado y poniendo así en riesgo a su bebé… en la noche. Cuando deciden volver a su tierra, no pueden disfrutar de su hijo con sus seres queridos y tienen que huir a Egipto. Noche astrológica y noche del alma.
Pensemos en tantos refugiados, adultos y niños que tienen que abandonar su tierra, no tienen dónde estar, enfrentan tantos peligros. Muchos de nuestros abuelos que se lanzaron a un mundo desconocido escapando del hambre y la falta de trabajo. Tantos chicos que en la noche duermen en la intemperie y en el peligro de nuestras ciudades, tantos ancianos abandonados a los que la noche se les hace interminable, tantas noches en hospitales en donde los enfermos están solos sin nadie que los cuide, muchas veces maltratados… la noche de las adicciones que matan el alma y el cuerpo, en donde los mercaderes de la muerte, amparados en la corrupción de nuestros gobernantes y jueces, son llevados al sin sentido y a perder la vida, la noche en donde la trata de persona destruye vidas para siempre, la noche de la ausencia de Dios, de la pérdida del sentido de la vida. Pensemos en la oscuridad del abuso, de la violencia familiar, de la explotación. Jesús sigue sufriendo en la noche de mucho de nuestros hermanos.
María y José fueron un varón y una mujer de fe: lo que humanamente es imposible, en Dios se hace posible. En la noche encontraron la luz. Como con el pueblo de Israel al salir de Egipto, o con Nicodemo en el diálogo de la noche, o María Magdalena en el encuentro con el resucitado, en la noche de Belén brilla una gran luz. Siempre que miramos la vida desde la fe: en la noche, brilla la luz.
Quizá José y María habrán recordado el recitar de los salmos:
Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza,
poderoso defensor en el peligro.
Por eso no tememos aunque tiemble la tierra
y los montes se desplomen en el mar.
Que hiervan y bramen sus olas,
que sacudan a los montes con su furia:
El Señor de los ejércitos está con nosotros,
nuestro alcázar es el Dios de Jacob.
Sl 45
Lámpara es tu palabra para mis pasos,
luz en mis senderos. Sal 119
Dios mío, tú alumbras mis tinieblas. Sl 18
Los sacó de las lúgubres tinieblas,
y rompió sus cadenas. Sl 117
Leemos en la primera lectura que se proclamará en la misa de la noche buena, tomada del profeta Isaías (9, 1-6):
El pueblo que caminaba en las tinieblas
ha visto una gran luz;
sobre los que habitaban en el país de la oscuridad
ha brillado una luz.
Tú has multiplicado la alegría,
has acrecentado el gozo;
ellos se regocijan en tu presencia,
como se goza en la cosecha,
como cuando reina la alegría
por el reparto del botín.
En la noche la luz brilla con más fuerza. En las noches de nuestras vidas, quizá en medio del dolor o la tristeza, siempre brilla una luz. Dios nos regala su luz a través de personas concretas, situaciones providenciales, fortalezas que quizá no son propias de nuestra naturaleza humana pero que la gracia de Dios nos regala como don especial. La noche, cuando la vivimos desde la fe, nos lleva siempre al encuentro de la luz. Es en la noche donde maduramos en esa misma fe, crecemos en sabiduría, valoramos lo importante. Es en la noche en donde crece nuestra confianza en Aquel que nunca nos abandona. Es la noche la que nos permite valorar la luz.
La noche siempre es pasajera, la aurora en algún momento aparece. Somos peregrinos al encuentro con definitivo con la luz.
Este es el mensaje de cada Navidad. La luz existe, en medio de las tinieblas
PARA ORAR:
Dejemos pasar por nuestra mente y nuestro corazón rostros de personas que viven momentos de dolor, de soledad, de incertidumbre… rostros de personas que están atravesando la noche en su vida.
Hagamos memoria de alguna noche (o algunas noches) que hayamos vivido en nuestras vidas, algún momento difícil, de tristeza o dolor, de sin sentido, de confusión o desánimo.
En ese momento, ¿experimentamos la presencia amorosa del Señor? ¿Fuimos a su encuentro? ¿Lo vivimos desde la fe? ¿Cómo experimentamos su luz?
¿Qué sabiduría nos dejó ese momento difícil que hemos vivido?
¿Vivimos cada momento de nuestras vidas en dimensión de fe, confiando en la presencia de Dios en la oscuridad? ¿Dejamos que Dios nos conduzca a pesar de no comprender o no aceptar humanamente lo que nos está pasando?
Los primeros en recibir el mensaje fueron los pastores… hombres simples, de trabajo, excluidos de la vida social y religiosa, sufrientes.
Todo se da en un marco de alegría y fiesta. La presencia de los ángeles. Otra vez en las tinieblas brilla la luz.
Dios nos llama a ser varones y mujeres simples, sencillos, cercanos a los que sufren, hermanos de los excluidos de la sociedad.
Aunque tengamos muchos títulos, propiedades, bienes, talentos, cargos, posibilidades, Dios nos llama a la simpleza de vida.
Es simple el que vive la alegría de la fe, el que confía en el amor de Dios. Y, por eso, no lo quiere controlar todo, no se pone en lugar de Dios, se sabe amado y cuidado por el Señor. Goza del amor infinito y gratuito del Padre.
Es simple el que aprende de los otros, el que escucha y valora a los demás, el que se deja enriquecer, corregir, transformar por los otros y por la gracia de Dios. Es simple el que se valora, acepta y valora a lo demás. El que ocupa un espacio y deja que los demás también ocupen un espacio. El que le hace sitio al otro y lo entrega.
Es simple el que acepta el misterio de Dios
Es simple el que vive la alegría de la Esperanza. La Esperanza es la confianza en la promesa de Dios aunque no la vemos cumplida. Feliz de ti porque has creído en la promesa del Señor. Ese fue el motivo de su honda felicidad.
PARA ORAR:
Contemplemos a María, mujer de esperanza, mujer alegre en el dolor.
