COMENTARIO AL EVANGELIO

Cristo Rey

CICLO A

26 de noviembre  de 2017

Pantocrator. Duomo de Monreale, Sicilia, Italia
Pantocrator. Duomo de Monreale, Sicilia, Italia.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo        25, 31-46

«Jesús dijo a sus discípulos:

«Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria rodeado de todos los ángeles, se sentará en su trono glorioso. Todas las naciones serán reunidas en su presencia, y él separará a unos de otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos, y pondrá a aquellas a su derecha y a estos a la izquierda. Entonces el Rey dirá a los que tenga a su derecha: «Vengan, benditos de mi Padre, y reciban en herencia el Reino que les fue preparado desde el comienzo del mundo, porque tuve hambre, y ustedes me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber; estaba de paso, y me alojaron; desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; preso, y me vinieron a ver». Los justos le responderán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te dimos de comer; sediento, y te dimos de beber? ¿Cuándo te vimos de paso, y te alojamos; desnudo, y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o preso, y fuimos a verte?». Y el Rey les responderá: «Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo». Luego dirá a los de la izquierda: «Aléjense de mí, malditos; vayan al fuego eterno que fue preparado para el demonio y sus ángeles, porque tuve hambre, y ustedes no me dieron de comer; tuve sed, y no me dieron de beber; estaba de paso, y no me alojaron; desnudo, y no me vistieron; enfermo y preso, y no me visitaron». Estos, a su vez, le preguntarán: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento o sediento, de paso o desnudo, enfermo o preso, y no te hemos socorrido?». Y él les responderá: «Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo». Estos irán al castigo eterno, y los justos a la Vida eterna».»

Palabra del Señor. 

 

Hemos llegado al fin del ciclo litúrgico, celebrando a Jesucristo Rey del universo la Iglesia contempla a Cristo que un día volverá con todo su esplendor a instaurar su Reino definitivo.

En los dos domingos anteriores, Jesús nos dijo que debemos estar preparados para su venida y que cuando vuelva nos pedirá cuenta de los dones que se nos fueron confiados. Hoy al concluir el capítulo 25 del Evangelio según San Mateo, se nos presenta la imagen del juicio final a través de esta parábola, exclusiva del Evangelista San Mateo. Esta página del Evangelio es la que inspiró a Miguel Ángel su extraordinaria obra en la capilla Sixtina.

Jesús anuncia que un día, vendrá en su gloria como rey y juez, ante su presencia estará el mundo entero, donde dará en herencia la vida eterna a los que obraron el bien, y el castigo eterno a los que obraron el mal.

El Señor se compara a un pastor que separa las ovejas de los cabritos, imagen por demás conocida por los que estaban familiarizados con las Sagradas Escrituras, en la primera lectura de esta misa oímos al profeta Ezequiel, que presenta a Dios como el Pastor que juzgará a ovejas y cabritos, este profeta y sacerdote durante el exilio en Babilonia (S.VI aC) narra un juicio de Dios contra los malos pastores de Israel.

El llamado se dirige en primer lugar a los que se hicieron merecedores del Reino, dándoles las razones por las que han recibido semejante herencia: tuve hambre, sed, era forastero, estuve desnudo, enfermo, preso, y en cada una de esas situaciones me atendieron.

Jesús no pretende dar detalles del juicio final, sino captar la atención de sus oyentes y moverlos a tener ciertas actitudes con el prójimo, las que podemos resumir en obras de misericordia, como enlazando su último discurso con el primero, “las bienaventuranzas”, donde los misericordiosos son llamados felices porque obtendrán misericordia. De este modo entendemos que la caridad cubre los baches de nuestros pecados.

Los herederos del Reino, parecen ignorar haber atendido al Señor en estas necesidades, y preguntan ¿Cuándo te vimos así?, y la respuesta no se hace esperar: cada vez que lo hicieron con uno de sus hermanos más pequeños. De esta manera Jesús, enseña que se solidariza con todo ser humano que está pasando por alguna necesidad, a tal punto que lo que se le haga a cada una de estas personas lo siente Él en su propia carne.

Como un espejo, pero en sentido inverso, el relato continúa con los excluidos del Reino, que ante las mismas situaciones no fueron capaces de tener actitudes de misericordia.

Al mencionar a los premiados y a los condenados, Jesús nos está enseñando que no da lo mismo “hacer” que “no hacer”, de modo que cómo vivimos esta vida tiene repercusiones en la vida eterna, tal como lo decimos en la oración del Señor, el Padrenuestro, cuando le pedimos que nos perdone, así como nosotros perdonamos, o como en las dos parábolas proclamadas en los dos domingos precedentes, dónde la prudencia y la capacidad de multiplicar los talentos hicieron a sus poseedores dignos de la fiesta.

Por supuesto que no debemos recortar el Evangelio y quedarnos sólo con lo que Jesús nos enseña en estos quince versículos, si estuvimos atentos a las lecturas a lo largo de todo el ciclo litúrgico sabemos que la vida cristiana se traduce en actitudes de misericordia y mucho más. Pero si la memora no nos ayuda, hace cuatro domingos el Señor nos hizo un resumen perfecto de toda la Ley y los Profetas, y nos dijo que dos mandamientos son los más importantes: el amor a Dios, con todo el corazón, con toda el alma y con todo el espíritu. Y el amor al prójimo como a nosotros mismos.

San Juan de la Cruz comprendió estas enseñanzas al decir: “en el atardecer de nuestras vidas seremos juzgados en el amor”.

Jesús no distingue si los menesterosos pertenecen a un pueblo determinado o no, si son de sus seguidores o no, tampoco dice nada sobre su condición moral, Él que siendo de condición divina se hizo el más pobre entre los pobres, reviste con su dignidad a todo ser humano que está viviendo una situación de necesidad y nos invita a cada uno de nosotros a reconocerlo encarnado en todo ser humano necesitado. Éste es el motivo por el cual los cristianos cuando socorremos a una persona necesitada no lo hacemos por simple filantropía, sino porque en ese ser humano, imagen y semejanza de Dios, atendemos al mismo Señor que viene a nuestro encuentro, a veces tan maltrecho “que ni aspecto humano tiene”.

Que Cristo reine en nuestros corazones y purifique nuestra mirada para saberlo reconocer entre los que de una forma u otra entran en contacto con nosotros.

Un bendecido domingo para todos,

P. Rubén J. Fuhr SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                              Sal 22, 1-3. 5-6 

R. El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
El Señor es mi pastor, nada me puede faltar.
Él me hace descansar en verdes praderas.
Me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas;
me guía por el recto sendero, por amor de su nombre. R.

Tú preparas ante mí una mesa, frente a mis enemigos;
unges con óleo mi cabeza y mi copa rebosa. R.

Tu bondad y tu gracia me acompañan a lo largo de mi vida;
y habitaré en la casa del Señor, por muy largo tiempo. R.