COMENTARIO AL EVANGELIO

XXXIII  domingo durante el año

CICLO A

19 de noviembre de 2017

Parabola de los Talentos
La parábola de los Talentos. S. XVII. Willem de Poorter  Óleo sobre lienzo
Galería Nacional de Praga , Praga, República Checa

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo        25, 14-30

«Jesús dijo a sus discípulos esta parábola:

El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco.

De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor. Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. «Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado».

«Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor». Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: «Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado». «Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor». Llegó luego el que había recibido un solo talento. «Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido.

Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!». Pero el señor le respondió: «Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses.

Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes».

Palabra del Señor.

 

Jesús continúa enseñando que debemos estar vigilantes ante la llegada del Reino, el domingo pasado nos mostró el aspecto festivo de esa llegada, ahora nos hace saber que existe una responsabilidad de trabajar para que a su llegada entreguemos frutos obtenidos de la utilización de los dones que nos ha dado.

A través de esta parábola, donde un hombre rico decide dar en custodia sus bienes mientras se va de viaje, definido por sus mismos servidores como un severo y ambicioso, que pretende ganancias aún dónde no ha sembrado.

El relato dice que al repartir no dio la misma cantidad de dinero a todos, sino que a unos más y a otros menos, tampoco les dio la orden de hacerlo producir. Pero parece que los servidores conociéndolo buscaron la manera de multiplicar el dinero recibido en custodia, menos uno que, por temor, no quiso arriesgarse y escondió lo recibido para devolverlo intacto.

Para tener una idea del dinero entregado, un talento es el equivalente a seis mil monedas de plata, una moneda de plata es un denario, el valor de una jornada de trabajo. Es decir que al que le dio cinco talentos le dio treinta mil monedas de plata.

Cuando el hombre regresa, sucede que reclama su dinero y las ganancias, tal como los dos primeros servidores supusieron que obraría, así éstos le entregaron el dinero y las ganancias obtenidas, recibiendo una felicitación y el pase a participar del gozo de su señor, el banquete con el cual el patrón celebra su regreso, más la promesa de que se le encargará mucho más. Pero justamente el que recibió menos, el que dice saber conocerlo y lo define justamente como un hombre exigente y avaro confiesa su temor y devuelve el talento recibido intacto, tal como lo recibió, ni más ni menos.

Desde nuestra perspectiva cabría también una felicitación ya que haber conservado lo que recibió puede ser visto como un mérito en sí mismo. Pero en la parábola, este servidor es juzgado precisamente por sus mismas palabras, “si sabías… tendrías que haber colocado el dinero en el banco, … así lo hubiera recuperado con intereses”. Y, además de ser reprendido es castigado.

De esta manera Jesús se dirige a los que buscan custodiar los dones recibidos de parte de Dios, y se sienten orgullosos por mantenerlos intactos. Pero por la parábola entendemos que los dones que se nos han confiado, los recibimos para hacerlos producir, si los guardamos celosamente no estamos obrando bien, cuando el Señor venga nos pedirá cuenta sobre lo que hemos hecho con los dones recibidos.

Todos hemos recibido talentos, en mayor o menor medida, cada uno con la ayuda del Espíritu Santo debe buscar la manera de hacerlos producir. No debemos esconder esos dones detrás del velo de una falsa humildad diciendo que no somos capaces de hacer esto o aquello, es verdad no todos tenemos las mismas capacidades, pero alguna capacidad tenemos y está para ponerla al servicio de los demás. Es importante saber reconocer los talentos que Dios nos dio, para así “invertirlos” y hacerlos crecer.

Si bien la parábola se proclama a todos los que formamos parte del Pueblo de Dios, no deja de ser un llamado de atención a los pastores de la Iglesia, a quienes se nos ha confiado el tesoro de los sacramentos, para ser dispensadores de los mismos. A veces, como el que recibió un talento, nos escudamos en las normas haciendo una interpretación estricta y al mismo tiempo errada, incluso agregando más de lo que la norma dice, para no arriesgar temiendo perder lo que se nos ha confiado.

Pero hoy Jesús nos dice que a todos se nos pedirá cuenta del modo como hemos utilizado los bienes que nos ha dado, y nos pedirá los frutos, advirtiéndonos que si le devolvemos exactamente lo mismo que nos ha dado se nos quitará lo que se nos confió y seremos privados de participar del gozo del Señor.

 

Esta parábola es una invitación a preguntarnos:
¿Qué talentos me ha dado Dios?
¿Qué estoy haciendo con esos talentos?

Un bendecido domingo para todos,

P. Rubén J. Fuhr SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                              Sal 127, 1-5 

R. ¡Feliz quien ama al Señor!

¡Feliz el que teme al Señor y sigue sus caminos!
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás feliz y todo te irá bien. R.

Tu esposa será como una vid fecunda en el seno de tu hogar;
tus hijos, como retoños de olivo alrededor de tu mesa. R.

¡Así será bendecido el hombre que teme al Señor!
¡Que el Señor te bendiga desde Sión
todos los días de tu vida: que contemples la paz de Jerusalén! R.