COMENTARIO AL EVANGELIO

XXXI  domingo durante el año

CICLO A

5 de noviembre  de 2017

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Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo        23, 1-12 

    «Jesús dijo a la multitud y a sus discípulos: «Los escribas y fariseos ocupan la cátedra de Moisés; ustedes hagan y cumplan todo lo que ellos les digan, pero no se guíen por sus obras, porque no hacen lo que dicen. Atan pesadas cargas y las ponen sobre los hombros de los demás, mientras que ellos no quieren moverlas ni siquiera con el dedo. Todo lo hacen para que los vean: agrandan las filacterias y alargan los flecos de sus mantos; les gusta ocupar los primeros puestos en los banquetes y los primeros asientos en las sinagogas, ser saludados en las plazas y oírse llamar «mi maestro» por la gente. En cuanto a ustedes, no se hagan llamar «maestro», porque no tienen más que un Maestro y todos ustedes son hermanos. A nadie en el mundo llamen «padre», porque no tienen sino uno, el Padre celestial. No se dejen llamar tampoco «doctores», porque sólo tienen un Doctor, que es el Mesías. El mayor entre ustedes será el que los sirve, porque el que se eleva será humillado, y el que se humilla será elevado».»

 Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos: 

El auditorio al que Jesús se dirige, es similar al del discurso del monte (las bienaventuranzas), la multitud y sus discípulos, a los que previene sobre la actitud negativa de los escribas y fariseos, en una primera parte del discurso, para luego enfocar la atención sobre su comunidad, los que quieren ser sus discípulos.

Los escribas, o maestros de la Ley, en tiempos de Jesús, se especializaban en la lectura e interpretación de las Sagradas Escrituras, algunos pertenecían al partido religioso de los fariseos, éstos últimos eran un partido político religioso que había nacido en momentos difíciles del pueblo judío. En momentos de persecución religiosa con motivo de las invasiones de los griegos y los romanos, muchos miembros del pueblo se doblegaron y aceptaron la religión pagana, o permitieron que entraran costumbres e ideas del paganismo. Entre los que cedieron se contaba un buen número de sacerdotes. Frente a esta situación, los judíos más piadosos se agruparon e hicieron frente a esta infiltración del paganismo ya que significaba una amenaza para la religión y la identidad de Israel. Recordemos que las veces que el pueblo fue detrás de dioses paganos, rompió la Alianza, experimento grandes sufrimientos, como el exilio, por ejemplo. Este grupo recibió el nombre de fariseos, que significa “separados”, ya que se apartaron de los demás asumiendo una actitud de total intransigencia ante los invasores. El punto central de su práctica religiosa, era la estricta observancia de la Ley. Opuestos a los invasores paganos y a los sacerdotes que colaboraban con los dominadores. Se dedicaban al estudio de la Ley y la tradición día y noche para conocerlas mejor y así practicarlas sin defectos, llegando a una práctica, muchas veces, ostentosa como para que sirviera de reproche a aquellos que preferían acomodarse al imperio de turno. El problema está en que muchas veces, algunos de ellos caían en faltas graves cómo la ostentación y la jactancia, cuando sus prácticas tenían como objetivo sólo el ser vistos, llegando, incluso a lo que el Evangelio llama “hipocresía”, cuando sus prácticas de piedad eran sólo un barniz que no respondía sus convicciones interiores. Es a éstos que cuestiona Jesús, ya que, con otros, que no merecían este reproche, en varias oportunidades Jesús ha compartido la mesa.

Jesús reconoce que las enseñanzas de los fariseos son buenas, por eso manda hacer lo que ellos dicen, pero nos advierte de su ejemplo, no hacer nada de lo que ellos hacen. Desaprobando la exterioridad y la hipocresía. Esas cargas pesadas a las que se refiere, son las interpretaciones rígidas y severas de la Ley, que con el deseo de ser más observantes que los demás imponían su propia interpretación como absoluta pretendiendo obligar a los demás. De este modo la Ley era más un obstáculo para el hombre que camino para llegar a Dios. Los fariseos hipócritas eran muy estrictos para con los demás, pero ellos no eran así consigo mismos cuando nadie los veía.

Por eso para ser vistos, exageraban agrandando las filacterias, esas franjas con los textos de las escrituras que los judíos piadosos se atan en la frente y en las manos cuando tienen que rezar ciertas oraciones, para cumplir de manera simbólica, el precepto que dice que los mandamientos de Dios deben ser llevados como una atadura en las manos y como un colgante ante los ojos. El tema es que estos fariseos las llevaban también fuera de los momentos de culto. Lo mismo, la prescripción que dice que se hagan borlas o flecos en los bordes del manto, el mismo Jesús los usaba, un dato de esto lo tenemos en la escena de la mujer que se acerca a tocarle los flecos del manto para obtener la salud.

Lo mismo sucede con los primeros lugares en los banquetes y en las sinagogas, que se reservan para determinadas personas. La crítica de Jesús se dirige a los que buscan esos lugares simplemente para ponerse “por encima” de los demás, evidente acto de soberbia, lo mismo sucede con los saludos.

Al dirigirse a los discípulos, comienza con “no se hagan llamar…” esto Jesús no lo hace en nombre de ninguna ley, sino a partir de la nueva realidad que se vive en el Reino de Dios, él es nuestro único Maestro y Padre, Cristo el único Doctor, y entre nosotros somos hermanos, y si hay algo que en lo que podemos destacarnos y aspirar a ocupar el primer lugar es en el servicio desinteresado a los demás.

No es cuestión del uso de las palabras o títulos, sino de la actitud de búsqueda de esos títulos pretendiendo ponernos por encima de los demás. San Pablo no tiene problema en ser llamado Maestro, y el mismo enseña que hay muchos maestros.

Los títulos en la Iglesia, indican servicio, que debe conducir a descubrir la paternidad de Dios, y comprender las enseñanzas del único Maestro.

Para Jesús el mayor en la comunidad es el que se pone al servicio de los demás, es decir el que adquiere las mismas actitudes de Él.

Nada en los Evangelios está escrito porque sí, Mateo trae a la memoria de su comunidad estas palabras de Jesús porque seguramente que en ella habría aparecido esta tentación de dominio, y nos lo repite a nosotros porque estamos expuestos a la misma tentación, sacerdotes y laicos.

 

Nos preguntamos: ¿Mis prácticas religiosas son un reflejo de lo que llevo en mi corazón? ¿Cuándo realizo algún servicio, lo hago desinteresadamente, o busco los aplausos?

Un bendecido domingo para todos,

P. Rubén J. Fuhr SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

 

SALMO RESPONSORIAL                              Sal 130, 1.2.3
R. Guarda mi alma en paz, junto a ti, Señor
Señor, mi corazón no es ambicioso,
ni mis ojos altaneros;
no pretendo grandezas
que superan mi capacidad. R/.

Sino que acallo
y modero mis deseos,
como un niño
en brazos de su madre. R/.

Espere Israel en el Señor
ahora y por siempre. R/.