COMENTARIO AL EVANGELIO

XXVI  domingo durante el año

CICLO A

1 de octubre  de 2017

 

Cristo de San Juan de la Cruz-Dalí, 1951
Cristo de San Juan de la Cruz. Salvador Dalí.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san  Mateo        21, 28-32 

    Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:

    «¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: «Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña». El respondió: «No quiero». Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: «Voy, Señor», pero no fue.

    ¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?»

    «El primero», le respondieron.

    Jesús les dijo: «Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él».

 Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

Jesús utiliza, con los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo, un método conocido en la época entre los estudiosos de la ley: presentar una o más situaciones y ver cómo habría que resolverlas. En ese diálogo con ellos, Jesús pronuncia una de sus frases más fuertes. Para los ancianos y los sumos sacerdotes escuchar que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ellos al Reino de Dios, era durísimo; se trataba de los más impuros, despreciados y pecadores del pueblo. A nosotros también nos puede desconcertar. Pero, observemos bien el texto. Jesús no los alaba por su pecado sino por su apertura a la conversión.

Con mucha facilidad, todos nosotros, laicos, consagrados, sacerdotes, podemos caer en la práctica de un cristianismo formal. En algún momento le hemos dicho que sí al Señor en nuestras vidas o fuimos viviendo el ser cristiano como una cuestión heredada de nuestra familia, como parte de nuestra cultura, de nuestras costumbres. Un cristianismo en donde cumplimos con lo legal, lo establecido, lo ritual. Pero quizá no nos preguntamos en los diferentes momentos de nuestra vida qué es lo que el Señor quiere de nosotros.

Esta parábola hace referencia a dos dimensiones fundamentales de nuestra vida como cristianos: la conversión y la fidelidad a la voluntad del Padre. No basta ser buenos o cumplir con los mandamientos y preceptos. El cristiano, seguidor de Jesús, es aquel que escuchando la voluntad del Padre, la realiza en lo concreto de cada día. El cristiano es aquel que se abre a la conversión que Dios nos ofrece. Son las dos actitudes señaladas por Jesús en esta parábola: una actitud de conversión y una vida fundada en la voluntad de Dios.

En los evangelios encontramos muchos ejemplos de conversión: Zaqueo, el publicano, la mujer pecadora, el llamado buen ladrón.

En todos los casos, el primer paso es el encuentro con Jesús. No es posible vivir nuestra fe cristiana si no partimos de ese encuentro personal con aquel que hace presente en nuestras vidas el amor y la obra salvadora del Padre. Necesitamos momentos fuertes de encuentro con Jesús, con su persona, con la Palabra. Momentos de escucha y contemplación. La fe nace de la predicación, del encuentro con la Palabra.

Encontrarlo, también, al Señor en lo cotidiano de la vida, en todo aquello que Él nos regala día a día; reconocer su amor, manifestado en tantos dones que de Él hemos recibido. Contemplar su obra en nuestra historia. Contemplar todo lo que el Señor nos regala para que podamos hacer el bien a los demás. Verlo presente en los momentos de tentación, fortaleciendo nuestra fe En las alegrías y tristezas cotidiana, Él está a nuestro lado y en cada acontecimiento nos está hablando.

A la luz de esa bondad infinita, somos invitados a preguntarnos hasta qué punto estamos siendo fieles a sus dones. Preguntarle al Señor qué espera de nosotros en este momento de nuestra vida. Discernir no es sólo optar por lo bueno sino preguntarnos cuál es el bien que el Señor quiere que realicemos en este momento concreto, cuál es su llamada. El discernimiento nos lleva siempre a la conversión. Seguir el camino que el Padre quiere para nosotros implica dejar algo y asumir algo, abrirnos al actuar de Dios que transforma nuestras actitudes, nos da una nueva mirada de la realidad, una mirada de Fe. El actuar de Dios sana nuestras vidas y del mal saca el bien. Convertirse es dejar que el Señor nos regale un corazón y un mirar más parecido al de Él.

El discernimiento y la conversión necesitan una actitud sincera ante Dios y una confianza en su actuar en nuestra vida. Como dice San Agustín, Dios siempre nos concede aquello que nos pide. Es importante, también, dejarnos acompañar en los momentos de discernimiento por aquellas persona que, desde su experiencia de fe, pueden ayudarnos a encontrarnos con la voluntad del Padre.

Quizá muchas veces hemos puesto resistencias al querer de Dios. Lo importante es que en algún momento de nuestro proceso de fe nos reencontremos con su voluntad y nos dispongamos a vivirla con alegría, sabiendo que Dios nos ama más de lo que nosotros nos amamos y que sabe mejor que nosotros lo que es bueno para nuestra vida en el momento presente.

 

Nos preguntamos: ¿Nos dejamos momentos de encuentro con el Señor para discernir su voluntad? ¿Nos abrimos a la alegría de la conversión?

Un bendecido domingo para todos,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                                            Sal 24, 4-9 (R.: 6a)
R. Acuérdate, Señor, de tu compasión.

Muéstrame, Señor, tus caminos, enséñame tus senderos.
Guíame por el camino de tu fidelidad;
enséñame, porque Tú eres mi Dios y mi salvador,
y yo espero en ti todo el día. R.

Acuérdate, Señor, de tu compasión y de tu amor,
porque son eternos.
No recuerdes los pecados ni las rebeldías de mi juventud:
por tu bondad, Señor, acuérdate de mí según tu fidelidad. R.

El Señor es bondadoso y recto:
por eso muestra el camino a los extraviados;
Él guía a los humildes para que obren rectamente
y enseña su camino a los pobres. R.