COMENTARIO AL EVANGELIO

Solemnidad del

Ssmo. CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

TIEMPO DURANTE EL AÑO.

CICLO A.

La ultima cena-Da Vinci

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según Juan                6, 51-58

 Jesús dijo a los judíos:

 «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo.»

Los judíos discutían entre sí, diciendo: «¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?»

Jesús les respondió: «Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.

Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.

Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí.

Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente.»

 Palabra del Señor.

 

Queridas hermanas y queridos hermanos:

¿Quién de nosotros no desea vivir eternamente? Todos amamos la vida como el primer don de Dios.

En el Evangelio de Juan, cada milagro de Jesús es un signo que nos revela su persona. En cada uno de ellos, Él explicita su identidad. Cuando le devuelve la vida a Lázaro, Él se presenta como la resurrección y la vida. Cuando le devuelve la vista al ciego, se presenta como la luz verdadera. Y así, en cada signo. En el Evangelio de hoy vemos como, luego de la multiplicación de los panes, se presenta diciendo: Yo soy el pan vivo. El que coma de este pan vivirá eternamente. Esta es una referencia a Gn 3,22: …tome también del árbol de la vida y comiendo de él viva para siempre. Jesús es el verdadero árbol de la vida del que Adán había sido privado.

Este Pan de Vida, realiza la comunión, obra la salvación en nosotros y nos abre las puertas de la eternidad.

REALIZA LA  COMUNIÓN

El pan simboliza todo aquello que necesitamos para vivir. Cuando le pedimos a Dios el pan, le estamos pidiendo todo lo necesario para la vida. Jesús es el alimento que nos da la vida eterna; esta, no es una prolongación indefinida de la actual. Cuando decimos vida eterna hablamos de la plenitud de la vida, en donde recibiremos todos los bienes esperados y en donde no existirá ningún mal. Al recibir a Jesús, ya participamos de esa vida que no es otra cosa que vida en el amor, síntesis de todos los bienes.  Un día, esa vida, de la que ya participamos, llegará a su plenitud en nosotros. Por eso, la eucaristía es la comunión, en Cristo, de los hombres entre sí y de los hombres con el Padre; y es anticipo de la plenitud del encuentro definitivo. Leemos en la segunda lectura de la misa de hoy (1Cor 10, 16-18): Ya que hay un solo pan, todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan.

OBRA LA SALVACIÓN

Nos puede escandalizar, como escandalizó a los judíos, que alguien nos proponga comer su carne. La carne simboliza toda la persona, no se trata solamente del cuerpo material. El cuerpo y la sangre es el signo del nuevo cordero, imagen expiatoria para el pueblo elegido. Ya no es el cuerpo y la sangre de un animal lo que nos salva. Ahora Jesús es el Salvador, la nueva y eterna Alianza. La carne del Hijo del hombre no es la carne de un cadáver. Se trata del cuerpo de Jesús glorificado. Permanecer en él, es el camino de la salvación. Esta es una insistencia propia del Evangelio según san Juan. Dice Santo Tomás: ¡Oh banquete precioso y admirable, banquete saludable y lleno de toda suavidad! ¿Qué puede haber, en efecto, de más precioso que este banquete en el cual no se nos ofrece, para comer, la carne de becerros o de machos cabríos, como se hacía antiguamente, bajo la ley, sino al mismo Cristo, verdadero Dios? No hay ningún sacramento más saludable que éste, pues por él se borran los pecados, se aumentan las virtudes y se nutre el alma con la abundancia de todos los dones espirituales. Se ofrece, en la Iglesia, por los vivos y por los difuntos, para que a todos aproveche, ya que ha sido establecido para la salvación de todos.

NOS ABRE A LA ETERNIDAD

Cuando comemos el Cuerpo de Cristo y bebemos su Sangre, anunciamos su muerte y proclamamos su resurrección. Celebrar la Eucaristía es celebrar la Pascua, el triunfo del bien sobre el mal, de la vida sobre la muerte. En la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, adoramos la presencia real del Señor y celebramos el misterio central de nuestra fe, el misterio pascual. Esta fiesta nos invita a adorar la presencia real de Jesús en el Sacramento de su Cuerpo y su Sangre, y a contemplar, en Él, el amor infinito del Señor que dio la vida para que nosotros tengamos vida eterna.

En un mundo tan herido por tantos signos de muerte, que este alimento de vida, mueva nuestros corazones para que se haga pasión en nosotros el cuidado de la vida. Él vino para que tengamos vida en abundancia.  Entregar la vida para que el otro tenga vida es encontrar la vida verdadera. Sólo desde una profunda comunión con Cristo podemos vivir esta dimensión del amor que le da sentido pleno a nuestra existencia. La vida está en amar como Jesús; por eso sólo en Él está la vida verdadera.

 

Nos preguntamos:

¿Encuentro en Jesús la fuente de mi vida? ¿Cuido mi vida y la vida de mis hermanos?

Una gozosa fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo,

P. Rodolfo Pedro Capalozza, SAC

Centro de Espiritualidad Palotina

 

SALMO RESPONSORIAL                            147, 12-13. 14-15. 19-20 (R.: 12a)
R. ¡Glorifica al Señor, Jerusalén!

¡Glorifica al Señor, Jerusalén,
alaba a tu Dios, Sión!
El reforzó los cerrojos de tus puertas
y bendijo a tus hijos dentro de ti. R.

El asegura la paz en tus fronteras
y te sacia con lo mejor del trigo.
Envía su mensaje a la tierra,
su palabra corre velozmente. R.

Revela su palabra a Jacob,
sus preceptos y mandatos a Israel:
a ningún otro pueblo trató así
ni le dio a conocer sus mandamientos. R.