En el año 1630, un hacendado de Sumampa solicitó a un amigo suyo que le enviara una imagen de la Virgen desde Brasil. El amigo envió dos imágenes que, una vez llegadas al puerto de Buenos Aires, continuaron el camino en carreta. Al pasar cerca del río Luján, los bueyes se resistieron a seguir andando. Cuando bajaban de la carreta la caja que contenía la imagen de la Inmaculada Concepción, los bueyes seguían su camino. Este hecho se interpretó como el deseo de la Virgen de quedarse en ese paraje. Desde entonces, peregrinos de todas partes llegan hasta los pies de Nuestra Señora de la Pura y Limpia Concepción del Río Luján, Patrona de la República Argentina.
María quizo quedarse en nuestras pampas, en medio de nuestro pueblo argentino.
Pidamos al Señor, por intercesión de María, el don de la paz, del trabajo y del pan para todos.
Señor y Dios nuestro, mira a tu pueblo que peregrina en Argentina, y por la intercesión de la santísima Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora de Luján, concédele tu ayuda en la vida presente y la salvación eterna en el cielo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
