
PASCUA 2017
Mientras me aprestaba a preparar el mensaje de Pascua dirigido a nuestros miembros, me concentre en las siguiente palabras del beato Oscar Romero, que se encuentran en su primera carta pastoral:
«La Iglesia de Cristo tiene que ser una Iglesia de la Pascua. Es decir, una Iglesia que nace de la Pascua y vive para ser signo e instrumento de la Pascua en medio del mundo.
Jesús, que realizó nuestra redención bajo el signo pascual, ha querido prolongarse así también, en un estilo pascual, en la vida de la Iglesia. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo Resucitado, y, por el bautismo todos los miembros que la integran viven esa tensión de pascua, ese “paso” de vida a muerte, el tránsito que nunca termina y que se llama “conversión”, exigencia continua de matar en sí mismo todo lo que es pecado y hacer vivir cada vez con más pujanza todo lo que es vida, renovación, santidad, justicia.
En otras palabras, el Cristo de la Pascua se prolonga y vive en la Iglesia de la Pascua. Y no se puede formar parte de esta Iglesia sin ser fiel a ese estilo del “paso” de la muerte a la vida; sin un sincero movimiento de conversión y fidelidad al Señor.» (San Salvador, Domingo de Pascua, 10 de abril de 1977).
Estas palabras del Beato Oscar Romero, mártir de la justicia de nuestros días, como nuestros tres sacerdotes y dos estudiantes argentinos asesinados el 4 de julio de 1976, están en sintonía con el principio espiritual de la kenosis que nuestro Santo Fundador practicaba y vivía: “En efecto, el proceso entero del crecimiento espiritual está basado y modelado sobre el misterio pascual, en el cual el hombre viejo es crucificado con Cristo y el hombre nuevo llega a la luz con la resurrección. El resultado de esta experiencia redentora es la transformación en Cristo” (Ratio Institutionis SAC, n. 140).
Esta es la única y auténtica manera de hacer que la vida de Jesús sea la regla fundamental de nuestra vida, como nos ha indicado San Vicente Pallotti y como nos ha recordado la XXI Asamblea General de nuestra Sociedad.
Les deseo la paz y la alegría del Señor Resucitado y que todos puedan hacer la experiencia de la potencia de su Resurrección.
Jacob Nampudakam, SAC
Rector General